viernes, 9 de noviembre de 2018

Confrontan dos iglesias

En junio de 2015 coincidían simbólicamente dos acontecimientos. Por una parte, una exitosa manifestación en Roma contra la ideología de género; y por otra, la presentación en el Vaticano de la encíclica Laudato si del papa Francisco. El éxito de la manifestación romana fue lo suficientemente arrollador como para que se eclipsara el eco mediático de la encíclica papal. En aquella ocasión, hubo quienes hablaron de una “confrontación entre dos iglesias”. La primera, llamada por algunos medios “Iglesia progresista o conciliar”, aplaudía la encíclica que Su Santidad dedicaba a temas ecológicos; y la segunda, que algunos medios llamaban “la derecha beata”, se volcaba a las calles para defender la familia tradicional, rechazando las parejas homosexuales y la ideología de género.

Es curioso (pero no sorprendente) que luego de más de tres años de aquella postal de confrontación, hoy se repitan las imágenes. Aquí, en Argentina, la convocatoria del pasado domingo 28 de octubre a favor del derecho de los padres a decidir la educación de sus hijos y en contra de la imposición gubernamental de la ideología de género, florecía en multitudinarias manifestaciones bajo el lema “Con mis hijos no te metas”, en Buenos Aires y en decenas de ciudades del interior del país. La irritación en los ambientes “progresistas” por el éxito de la manifestación tuvo su eco en el silencio de los medios de comunicación y en el silencio de la Conferencia Episcopal Argentina, la que no hace más que cumplir a rajatabla la agenda señalada por Roma, como si los obispos argentinos en sus diócesis fueran meros gerentes de la franquicia vaticana. Por cierto, el obispo argentino que ahora es obispo de Roma no envió ni siquiera un saludo a las miles de familias manifestantes (aunque una semana antes se había hecho su tiempo para recibir al organizador de la “misa peronista” en Luján).
La manifestación argentina por la familia tradicional ahora tiene su eco continental, y precisamente el próximo 15 de noviembre, se repite la convocatoria: no sólo en nuestro país, sino también en Bolivia, Paraguay y Perú, y tendrá también su eco en Francia el 17 de noviembre, todos nuevamente convocados bajo el lema “Con mis hijos no te metas”.

Mientras tanto, como en el 2015, la Santa Sede sigue con su agenda ecologista. Su Santidad ha recibido en estos días al príncipe Federico, heredero al trono de Dinamarca, y le ha entregado un ejemplar de su encíclica Laudato si asegurándole que el medio ambiente es el reto más importante de nuestro tiempo. La frase de Su Santidad parece extraída de Señor del Mundo, de Benson, y pinta un escenario que luce apocalíptico: en una Iglesia viviendo un cisma de hecho, y metida en el fango hasta en su más alto vértice, Su Santidad tiene por prioridad la ecología en un mundo que de todos modos está destinado a desaparecer, mientras las almas corren peligro de perderse por toda la eternidad. Además, la preocupación más acuciante de Su Santidad parece ser el acceso al agua potable. Ha enviado en estos días a la Conferencia internacional sobre la gestión del agua que se celebra en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma un mensaje en el que dice que la falta de agua potable es “una vergüenza inmensa para la humanidad". ¿? No coment...
Evitando perdernos en los detalles de un magisterio pontificio que naufraga día a día, lo cierto es que la ideología de género no es prioritaria para Su Santidad, del mismo modo que para los que se congregan bajo el lema “Con mis hijos no te metas” la ecología no supone desde luego el problema que reviste mayor gravedad. Es más, la “Iglesia enfermería” que propone Su Santidad no desea crear frentes ideológicos contrapuestos, mientras que la convocatoria “Con mis hijos no te metas” propone actos masivos de resistencia a la imposición de la dictadura del pensamiento único.

La movilización argentina del pasado 28 de octubre y la del próximo 15 de noviembre revela además la existencia de un distanciamiento entre la base católica (o lo que queda de ella en esta nación) y la cúpula directiva de la Conferencia Episcopal Argentina. Sobran los dedos de una mano para contar los obispos que se adhirieron públicamente a los actos del 28 (veremos lo que pasa con los del 15). Sin embargo, las convocatorias “Con mis hijos no te metas”, al igual que las manifestaciones contra la legalización del aborto de meses atrás (a las que Su Santidad y los obispos argentinos quisieron de entrada poner sordina), han hecho estallar el sentimiento larvado de una parte considerable del mundo católico, un sentimiento que no viene de arriba, pues está claro que estas movilizaciones no se originan en los púlpitos. Son la expresión de un frente de rechazo mucho más amplio de lo que parece, un rechazo que no se limita a la ley del aborto o a la ley de educación sexual de género. En realidad se trata de rechazo de los mitos progresistas, pero también rechazo de la estrategia minimalista, dialogante y no confrontativa del episcopado argentino (que ha tenido su última expresión en el documento del pasado 26 de octubre, que parece escrito por y para marcianos).
Ahora bien, si la base se emancipa de la cúpula, como parece estar sucediendo, ¿quién guiará y orientará al pueblo que de algún modo, en sus oscuras raíces aún sigue siendo católico? Debe haber Pastores que se lo clarifiquen. Porque hay que saber que la manifestación del 28 y la del próximo 15 son contra la ideología de género pero, ¿en nombre de qué?
Algunos de los que se auto-convocan al grito de “Con mis hijos no te metas” lo saben, lo tienen claro, pero otros no, ciertamente no la mayoría. Se necesitan Pastores que les revelen que se están convocando y están marchando porque existe una la ley de Dios y una ley natural; Pastores que los movilicen a apartarse del relativismo de la moral de situación y que les inviten de modo claro al retorno a la familia tradicional, la de siempre, la única querida por Dios, porque no existen para Dios otros modelos de familia. El problema es que –salvo honrosas excepciones- los obispos argentinos (y también Su Santidad) hoy no son claros en esa proclama. Y debieran serlo.

El precio a pagar por la defensa del matrimonio y de la familia no puede ser el abandono, la ambiguedad, o el oscurecimiento de verdades que pertenecen al depósito de la Fe, como la existencia de una sola verdad salvífica, de la que la Iglesia es única portadora (contra todo falso ecumenismo y falso diálogo inter-religioso), o que la Misa no sea un banquete festivo sino la renovación incruenta del sacrificio de la Cruz. Y la alternativa al abandono de sus funciones por parte de los obispos no puede ser la reinterpretación del Cristianismo en clave ecológica, como desea Su Santidad y la encíclica que le entregó esta semana al príncipe de Dinamarca. La Fe, o es integra, total, o no es Fe. Para ser hereje no es necesario negar todos los dogmas; basta con negar pertinazmente una mínima verdad de la fe o de la moral católica. Quien niega un solo dogma los está negando todos y debe ser considerado hereje porque cree o no cree, no basado en la autoridad de Dios para revelar, sino basándose en su propia razón: lo que él llama fe es en realidad su opinión personal, y no tiene ninguna atribución para exigir que otros sigan su opinión particular.
El entusiasmo que se ha despertado por las movilizaciones contra el aborto o por las manifestaciones “Con mis hijos no te metas” pasará, pero en el horizonte se vislumbran enormes problemas religiosos y morales. Para afrontar esos problemas, lo que importa no es un encuentro multitudinario, no es la fuerza de los números ni el impacto mediático, sino la integridad de la doctrina y la absoluta fidelidad a la práctica de la vida cristiana abrevada por la Gracia. Doctrina y vida en gracia, porque no hay la una sin la otra. Sólo así, con coherencia, se podrá convocar la ayuda del Cielo. Y sin la intervención de Aquél que todo lo puede, toda batalla está perdida.

Fr Filemón de la Trinidad O.E.U.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

El papa Francisco dice que la "humanidad" (algo que no existe) tiene que sentir "verguenza" porque falta agua. Yo no siento verguenza por eso, pero yo no soy la humanidad. Yo soy una pecadora que siente verguenza (y dolor y arrepentimiento) por mis pecados. Pero el Papa no habla de "pecado".
Emilia María

Anónimo dijo...

No sé por qué critican tanto a los obispos por una movilización que no es católica. No sé la de Italia, pero la de Argentina no está organizada por la Iglesia, no es confesional.

Anónimo dijo...

Al Anónimo de 3:46,
¡Claro que es católica, o cristiana! Aunque no se den cuenta, los que se reúnen en esas movilizaciones son movidos por la Ley Natural que existe en sus conciencias porque Dios Creador se las ha infundido. Y si esta Ley Natural y Divina todavía existe en nuestra nación es porque alguna vez hubo una Iglesia que predicó la Ley Natural, los Diez Mandamientos, y la Ley de Cristo y de la Iglesia. Por eso se necesitan Pastores que sigan predicando esto mismo.

HAV

Anónimo dijo...

Discursos ecológicos en la boca del Papa: potencial causa de escándalo para católicos ingenuos, que pueden creer que un nuevo dogma es el derecho al agua potable.
Confieso que por cierto prejuicio de conciencia, en su momento me formulé el deber de leer a pie juntillas toda la Enciclica "Laudato si".
Hoy ya no leo enciclicas ni documentos de Francisco.
"Laudato si" es una mezcla deforme de lugares comunes, mezcla de verdades algunas, hipotesis cientificas no demostradas, y opiniones. Escrita en estilo vulgar, siendo además su interés intrínseco, para el católico, muy bajo, ya que prácticamente no atañe ni a la fe ni a la moral. ¿Tiene algún interés extrínseco? Quizás, alguno ocasional, pero efímero. ¿Quien se acuerda hoy, a tres años, de esta encíclica?... Todo lo que dice ya estaba dicho, y lo discutible que dice, es discutible.

JVB

Anónimo dijo...

JVB el canal sanguis et aqua en youtobe tiene un análisis interesante de laudatio si y varias cosas más.